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miércoles, 23 de mayo de 2012

Suave vigilia de un plisado de Luna (Dedicado)



















A   Mercedes Ridocci


Hacha de seda,
Tuna de hilo,
Música blanca,
Condóname la bruma
Que tu filo levanta,
Blanda perla del magma,
Rambla blanda,
Que lames el traslado
De tu noche,
No esperes que el alba
Te sueñe,
Que tu filo es un desenlace,
Un flexo de leche,
Suave vigilia de un plisado
De Luna,
Una pasión de coral soplado
Escolta tu danza,
Suave vigilia de un plisado
De Luna
Elevada por unos brazos
Lanzándole al Siempre
La misma pregunta.


*Dibujo: Gabriela Amorós Selller (inspirado en una fotografía de la poeta y artista Mercedes Ridocci realizada por Manu Ridocci) 






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La emocion indomable by Gabriela Amorós Seller is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

viernes, 4 de mayo de 2012

*Prólogo a otra vida











I.

La hierba llora
el espacio que hubo
entre vidas y torres,
las espinas son de carne
al no existir sus cabellos terribles,
y porque ni un solo ojo
tiene dueño todavía.
Merodean todos en prenda
para no gritar: descíframe o te clavo
en el hombre que serías.

Trayectos metidos hacia sí
como faros lamiéndose solos.
Todo consume centro aquí,
todo se cierne para lograrse deseo.
El instante sonríe jugoso
porque hay un brillo de lombriz
en el tiempo.


Astrolabios se inventan
inasibles a sí mismos
con piedras, raíces
y quistes de sombras.
Más allá unos líquenes
miran en carne viva.
Pienso que es la urgencia de la locura
que está garrapiñando todo lo inmóvil
junto con lo íntimo.

Hay una liturgia
en el negarse de las cosas
tan inédita,
tan capaz,
tan despampanante,
tan hinchada en el jugo de su proceder,
que toda esta nada se comporta
como un universo traicionado,
como una tinaja perpetrando
lo que habría de ella
en el último líquido.


Las gargantas de los pájaros
han quedado esparcidas
a jirones verdes y rubios,
Se recogen como tajos amables
porque saben que volverán a dotar
de agrupada vida
a los privados de lo divisible,
porque los pájaros saben que reunirán
con la misma música antigua
que sólo se escucha cayendo.

En este momento recuerdo
aquello que anduve
sobre el puente de la horas muertas,
anduve un implacable bastión
hacia algo que dormía despertando…
y se hizo un crujido
en forma de nuevo orden
precipitado contra una sola uña.

Estoy cayendo,
y reconozco a este derrumbe predilecto.
Dios ha muerto.

Ahora consigo alcanzar
las gargantas de los pájaros,
ha llegado la hora
de que sea únicamente la música
la que lo cave todo.




II.

En esta otra vida
bebo cada punto de aire
como a una hemorragia.


Ya no escucho tramar
a un puñado de conchas,
veo mejillas ancestrales
que chocan y habitan
en el crujir de los tallos.

Ahora mis ojos le deben vacío
a unos prodigios azules
que se miran con mis córneas.
No dejan de mojar en aquellos
sus baldosas
de frío inmóvil.

Hundo volúmenes de arroyos
en el bramido de la noche,
y las manos se me abren
macizas, frescas, feroces,
empujando,
empujando,
metiendo sombras de anfibios con peces
en la carne por la que todo persiste,
y mis manos tiritan brillo
y favores de pulmones y lenguas
que habitaban últimos
pero ahora me saltan
apretados de olor
a su sangre.

Todo era inverosímil
a la piedad el ojo,
vicio de la bondad y el ruego.
En cambio aquí es la vida
la que se duele
Mientras el hombre se acierta,
Porque aquí sólo habita
el hombre que soporta
el presentimiento de la muerte.


He venido de una ventana parturienta
que separa lo que nunca vio
de lo que nunca quiso,
para que cada mortal
que se asome
se dispense su propio parto.






Imagen: Mi Olivetti del 46 y yo.







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