¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨BLOG DE LITERATURA Y ARTES PLÁSTICAS

lunes, 15 de noviembre de 2010

La rebelión de las esencias (I).



Cada día es único e irrepetible. Es una sucesión entrelazada de pequeños universos que se expanden en acontecimientos, imágenes, sentimientos, emociones, palabras, sonidos, recuerdos, etc… Al combinarse aleatoriamente entre sí, dan lugar a infinitas composiciones que desbordan cada minúsculo fragmento temporal. Para desgranar la fugacidad de un segundo cualquiera, de una breve fracción de tiempo que jamás volverá a repetirse idénticamente, hay que tener en cuenta, entre otros, el análisis de varios planos de desarrollo: el visual, que atrapa las imágenes; el auditivo, que recoge los sonidos; y el sensitivo, que abarca el cúmulo de sensaciones y sentimientos que ha coexistido en el interior de cada ser durante la instantaneidad del segundo.
Procederemos a aislar los sonidos de una escena para percibir el ámbito auditivo: llanto de un niño sofocando el murmullo de una voz femenina al tiempo que un chasquido de maxilares precede un rechine agudo mientras un ladrido ahoga un leve zumbido en el aire que es tragado por el eco del graznido de varias gargantas volátiles que huyen bajo un envolvente soplo aéreo que encapsula bullicio de gentío y ronquido de motores mientras se ecualizan, entre el aterciopelado rumor arbóreo, unas voces trémulas y lejanas diluidas en risas punzantes que se ligan entre sí para ahuyentar el apareamiento de dos silencios.

En el ámbito emocional las sensaciones se ensartan en el seno de cada individuo para contornear con su invisibilidad los espacios: el deseo no satisfecho intenta ser abortado por un afán apaciguador que coexiste con un sentimiento de culpa mientras un impulso burlón cede ante el instinto básico de ahuyentar un ruido molesto siendo el sentido de la alineación del rumbo el que corona a dos esperanzas de seguir viviendo que se aproximan para plagiar a los envites vitalistas del sonrojo intentando cornear el halo sensorial e íntimo que se agazapa en dos cuerpos. Todo ello salpicado de resonancias de tristezas, deseos, soledades, angustias, delirios, ira, felicidad, nostalgia,…

Respecto a la imagen estaría constituida por un retablo de fotogramas que se superponen entre sí: un niño que solloza mientras su madre le murmura entre el bullicioso tránsito de un parque al paso de una niña que rebosa con chicle su boca y raspa con sus dedos la superficie elástica de un globo atado al carrito del niño al tiempo que una abeja inyecta velocidad a su vuelo haciendo que un perro ladre envuelto en la jauría del tráfico mientras una bandada de vencejos chirrían el aire que se rasga con la cresta de los árboles que tiritan hojas para aplaudir al diálogo de dos acicaladas ancianas sentadas en un banco que refriegan sus zapatos brillantes entre risas de unas adolescentes que encubren con su sonora efervescencia los besos de una pareja oculta tras el tronco sinuoso que forma la fusión de sus cuerpos mientras un helado de fresa, que es sujetado a penas por la mano extenuada de ella, gotea para azucarar con motas rosadas el suelo del parque y esmaltar de dulzura a un insignificante escarabajo que agoniza color.
Es evidente que podríamos seguir infinitamente, sumergidos en éste mismo segundo, para añadir acontecimientos que seguirían espesando la escena pero no es necesario.

Si bien la fugaz escena puede seguir siendo desmenuzada bajo otros criterios de observación, hay un plano que hemos pasado por alto, tal y como solemos hacer en nuestro devenir diario: el de los aromas. Cada segundo de nuestra vida está impregnado de infinitas fragancias que fusionan su núcleo aromático para perder intensidad y, por tanto, pasar desapercibidas. Solemos identificar los olores más penetrantes para nuestro olfato pero ello se debe a una atrofia singular que, precisamente, nuestro sentido del olfato está sufriendo. Y esta fascinante capacidad del ser humano está siendo denostada constantemente por la supremacía de la imagen, el sonido o incluso del uso de brebajes aromatizados para ocultar olores que terminan por emerger. Cada ínfimo instante es una secuencia de esencias, una paleta olfativa en la que se mezclan entre sí los olores que nos acompañan junto con aquellos que se van asomando a nuestro paso. Cada persona, cada hogar, cada rincón, cada momento huele distinto y la subjetividad es absoluta, pues cada uno sentimos de forma distinta el efluvio oloroso de una escena según nuestra posición, nuestro sentido del olfato y los propios olores que emanan de nuestro cuerpo. Volvamos a la escena anterior, situándonos en la posición de la madre del niño que llora, para intentar rescatar los aromas: perfume cítrico con una nota de aliento mentolado que gravita para lanzar su estallido contra el olor de tierra y hojas revueltas por el aire que trae un perfume empolvado y seco con leves trazas afrutadas, tal vez de fresa. Evidentemente existirían otras fragancias pero seguramente sólo podríamos diferenciar éstas que se enumeran (a no ser que disfrutáramos del sentido del olfato del perro de la escena).
Cada soplo que invade la atmósfera contiene una secuencia aromática irrepetible, como si infinitas huellas dactilares fragmentaran los espacios para dotarlos de cuatro dimensiones.
Es curioso, también los aromas pueden ser recordados pues algunos de ellos se quedan impresos en nuestra memoria por alguna razón, tal vez emotiva. Algo parecido era lo que le pasaba a Mateo pero, a diferencia del resto de sus congéneres, podía recordar el orden de todas y cada una de las fragancias que habían saturado los instantes de tres días concretos de su vida. La razón de este insólito sentir la desconozco ahora, pero intentaré averiguar la causa de que Mateo contenga en su memoria la secuencia aromática exacta de tres momentos vitales de su exangüe existencia.



(Imagen perteneciente al óleo titulado "Trilogía de una rosa" de Gabriela Amorós Seller)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...