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viernes, 17 de agosto de 2012

miércoles, 27 de junio de 2012

Urgencia negra













Cualquier día
voy a granular la sombra
para tragarla tropezando,
escucharé la horma del óxido
o noches en los círculos
mientras tanto.

Cualquier día no hallaré en mí
más que un reintegro,
el regreso de lo que por derecho
debe habitar la locura,
mientras tanto
cada molusco pegado
a una infinitud de roca
pronunciará
una certeza de piedra,
la de que aquella roca
es toda su pulpa.

Cualquier día el polvo
caerá en la forma prevista
del objeto al que circunda,
como un déjà vu reincidente,
un cabeceo espectral
o una enagua mortal
de sastrería,
cualquier día
se hará un quebranto
en la exactitud de lo corpóreo,
habrá una urgencia negra,
una negra urgencia,
nos daremos cuenta
de que la muerte
va expulsando sótanos
de otras vidas
sobre la nuestra,
trenzas de enigma
al borde de los cuerpos
como esperando beber
de nuestros miedos jugosos.

Cualquier día
la caída de los nombres
hará un estiércol aturdido
(por aplastado, por innombrable y por mudo),
mientras tanto
atiendo a las hormigas:
-un día mi nombre
irá unido a algo fornicable.


Cualquier día
todo el mar será un submarino
verde y perdido,
y los ojos
dejarán de ser monarquías,
cualquier día
nos calzaremos rocalla
y levantaremos la noche
hacia un cabezal
como abismos erectos.

Cualquier día
me desharé en azul
como un jabón
porque no basto,

mientras tanto

yo sé de un abanico
de fríos relámpagos
descalabrándose contra el papel.











*Fotografía: mi Olivetti.






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miércoles, 13 de junio de 2012

Nadie me lleva











¿De donde le viene
a las hormigas
ese acuchillar con hojas
las estrellas?

Y ese mendigar
de leche
que las olas
tienden a la orilla
¿de dónde les urge?

Pasa,
inflama la barriga,
miente,
vacila
que respira
y luego se desmaya.
¿Acaso vive
de la gota
la tragedia?

Hay un algo
que se nutre
del instante
de las formas,
una conjuración
acaudalada
que mi muerte
siempre me adelanta
porque…
¿y esas rebanadas
cuando cortan
en pie
los caballos
el aire?
¿a dónde van
si las oigo alejarse
como aros
salvajemente disconformes?


Y a un borbotón
de peces finos
y metálicos
¿de dónde les ajusta
movimiento
su prisa
para que el tiempo
les tenga frío?
Chispas de lluvia
escarbando
la ópera del agua.

Las rosas
se muerden sus labios,
murmuraciones
de sexos apretados
y caras mudas
finalmente
cuando caen deshechas.
¿Quién las gozará
de tal forma
para que caigan
como una lenta
sinfonía
a su amputación?

Hay algo
que me detiene
en sus costados,
que no nombro
porque…
algo pasa de mi mano
a la tuya
para que el aire
no resista.
Las hormigas lo saben,
y las olas,
y las gotas,
los caballos y los peces
y las rosas violadas,
por ello nadie
me lleva al bosque
y del agua
sólo toco el fondo,
pero yo
todo lo pueblo de fantasmas.



*La fotografía es del álbum familiar, pertenece a la embarcación de pesca de mis abuelos, llamada La Gabriela. 










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martes, 5 de junio de 2012

El Mirador







Existe
una ópera rubia:
chilla la seda
dentro de la oruga,
náusea sepulturera.

Existe
una llaga en los rayos:
sótanos de hilo
escarbado,
forceps arrugados,
capilares agotados
que caéis como despojos blancos
deshuesando la luz.
Hay un manierismo espectral
en el aire.

Existe
un rincón triturado
donde siempre cae el ser,
la rapiña de la fe.

Existen fauces expresas
como logias heladas,
haciéndose pasar
por establos de piñones
o cavernas burguesas
llenas de perlas prolongadas.

Existe un pulmón
en el trance de los canteros,
en él recibe la piedra
aire y sangre,
pecho,
una metralla de empeños
(digo que existe
una carcoma de nombres
para perforar
la gloria de un Sólo Nombre).


Existen escaleras
que sólo son perpetuas
cuando no pretenden nada
y se extravían
por no alcanzar su infinitud
o su grandeza.
Esas son las inextricables,
las indecibles,
a las que pertenezco muda.

Existe una desnudez
con celosías
y afuera vive una penumbra
por intentar mañana
todavía,
existe un día
que me acristalaron la carne
y las arterias
dejando los ojos para nunca
y darle un mirador a los perdidos.




*La imagen pertenece a la obra "Dawn" de Odd Nerdrum





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miércoles, 23 de mayo de 2012

Suave vigilia de un plisado de Luna (Dedicado)



















A   Mercedes Ridocci


Hacha de seda,
Tuna de hilo,
Música blanca,
Condóname la bruma
Que tu filo levanta,
Blanda perla del magma,
Rambla blanda,
Que lames el traslado
De tu noche,
No esperes que el alba
Te sueñe,
Que tu filo es un desenlace,
Un flexo de leche,
Suave vigilia de un plisado
De Luna,
Una pasión de coral soplado
Escolta tu danza,
Suave vigilia de un plisado
De Luna
Elevada por unos brazos
Lanzándole al Siempre
La misma pregunta.


*Dibujo: Gabriela Amorós Selller (inspirado en una fotografía de la poeta y artista Mercedes Ridocci realizada por Manu Ridocci) 






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viernes, 4 de mayo de 2012

*Prólogo a otra vida











I.

La hierba llora
el espacio que hubo
entre vidas y torres,
las espinas son de carne
al no existir sus cabellos terribles,
y porque ni un solo ojo
tiene dueño todavía.
Merodean todos en prenda
para no gritar: descíframe o te clavo
en el hombre que serías.

Trayectos metidos hacia sí
como faros lamiéndose solos.
Todo consume centro aquí,
todo se cierne para lograrse deseo.
El instante sonríe jugoso
porque hay un brillo de lombriz
en el tiempo.


Astrolabios se inventan
inasibles a sí mismos
con piedras, raíces
y quistes de sombras.
Más allá unos líquenes
miran en carne viva.
Pienso que es la urgencia de la locura
que está garrapiñando todo lo inmóvil
junto con lo íntimo.

Hay una liturgia
en el negarse de las cosas
tan inédita,
tan capaz,
tan despampanante,
tan hinchada en el jugo de su proceder,
que toda esta nada se comporta
como un universo traicionado,
como una tinaja perpetrando
lo que habría de ella
en el último líquido.


Las gargantas de los pájaros
han quedado esparcidas
a jirones verdes y rubios,
Se recogen como tajos amables
porque saben que volverán a dotar
de agrupada vida
a los privados de lo divisible,
porque los pájaros saben que reunirán
con la misma música antigua
que sólo se escucha cayendo.

En este momento recuerdo
aquello que anduve
sobre el puente de la horas muertas,
anduve un implacable bastión
hacia algo que dormía despertando…
y se hizo un crujido
en forma de nuevo orden
precipitado contra una sola uña.

Estoy cayendo,
y reconozco a este derrumbe predilecto.
Dios ha muerto.

Ahora consigo alcanzar
las gargantas de los pájaros,
ha llegado la hora
de que sea únicamente la música
la que lo cave todo.




II.

En esta otra vida
bebo cada punto de aire
como a una hemorragia.


Ya no escucho tramar
a un puñado de conchas,
veo mejillas ancestrales
que chocan y habitan
en el crujir de los tallos.

Ahora mis ojos le deben vacío
a unos prodigios azules
que se miran con mis córneas.
No dejan de mojar en aquellos
sus baldosas
de frío inmóvil.

Hundo volúmenes de arroyos
en el bramido de la noche,
y las manos se me abren
macizas, frescas, feroces,
empujando,
empujando,
metiendo sombras de anfibios con peces
en la carne por la que todo persiste,
y mis manos tiritan brillo
y favores de pulmones y lenguas
que habitaban últimos
pero ahora me saltan
apretados de olor
a su sangre.

Todo era inverosímil
a la piedad el ojo,
vicio de la bondad y el ruego.
En cambio aquí es la vida
la que se duele
Mientras el hombre se acierta,
Porque aquí sólo habita
el hombre que soporta
el presentimiento de la muerte.


He venido de una ventana parturienta
que separa lo que nunca vio
de lo que nunca quiso,
para que cada mortal
que se asome
se dispense su propio parto.






Imagen: Mi Olivetti del 46 y yo.







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viernes, 27 de abril de 2012

Aunque al final no me tenga la voz





Ahora sé porqué tengo las piernas
largas y torpes,
no era el suelo lo que debía pisar
sino el sinfín de tu nombre.
Y si tosía bosques o desgobiernos
en arrabales, de noche,
es que se me entretiene el pecho
con la cifra de su golpe
y deja hacer a la tos
lo que a ella le venga en gana.

Ahora sé porque guardo un libro
en la punta de una rama,
no es para leerlo nunca
sino para verlo caer
en lo sucio de mi despiste,
que dentro del mal elige
A la mala reputación
(más que a la mala conciencia),
y no hay mayor libertad
que el no saberse libre.

Ahora sé por tu boca
que la lluvia es imposible,
que todo lo que mengua a una nube
tarde o temprano sube
porque tiene que caer.
La permanencia subyuga
aunque nos hagamos los inconstantes.

Ahora sé que hay un ciego aturdido
bajo la luz de toda evidencia,
que hay un sólo instante en los ojos,
que hay un sónar en la duda,
que hay un orín en la rabia,
que hay un sótano en culpa,
que hay ranuras en los sitios
que te vuelven a parir sin cara.
Voy a enterrar ahora ese sitio
para no saber más nada,
que se lo cuente todo al barro,
que el ciclo del agua suba
a la nube toda esta carga,
y que llueva sin piedad locura
de tal forma que cordura se piense.
Que me vuelva a caer encima
lo que tenga otra vez que enterrar,
pues después iré a secarme
con la voz más convicta y oscura.

Ahora os sé, cabellos en la frecuencia,
os vivo como lombrices de sonido arrinconado,
que no era antojadiza esta tos,
es que sabía de ese mudo escenario
que una sombra siempre ensancha
en el fondo del camino.
Voy a toser como nunca
aunque al final no me tenga la voz
y si no, me tengo a las piedras,
pues a ellas no las silencia
ni el facsímil de la lluvia.

Voy a hacer de pie
lo que alivia al cuerpo el sepulcro,
voy a hurgar en el filo de una arista,
voy a romperle los tímpanos al barro
y a robarle el poder a la ceniza.

Seguiré cortando las horas
por vencerme a los pedazos,
aunque sé porqué cargo
mecha en los ojos,
para que me copule la pira del relámpago.










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viernes, 20 de abril de 2012

La última voz







Porque pronuncio dolor
no lo llamo dinastía,
o el daño predilecto arráncame
que de esta extracción mía
no se halle la cifra
para el plan de la carne.

Sácame este coágulo de cristal
que me concreta,
que cuajado me aprieta.

Córtame el orto,  
barranco de leche,
soga destronada.
Esta terrible torpeza
es terrible por sonda
al instante del azote,
es terrible por ronquera
en la sala del crujido,
es un lomo herido
de corteza rogada
al himen
de los charcos,
y es terrible por torpeza
y es torpeza por rogada.

Esta piel es una logia
de fatiga.
El hielo también termina
cuando es membrana,
como chillan
las semillas de las fresas,
para hacerse lápidas gritadas.


Sácame este coágulo de cristal
que me concreta,
que cuajado me aprieta.


Horda fría, piel.
Que te ves hirviente, cuerpo,
de impétigo
cuando hace falta tocar.
También cree que arde
El glaciar
cuando alguien lo camina,
con su poder prestado
cree que arde,
al igual que esta lengua
que fusila
como un relámpago
de carne
y cree que arde.

Porque pronuncio dolor
no lo llamo dinastía,
Que esta seda me grita
aquí adentro.

Cartílago de la tormenta,
tienes tu sombra pactada
cuando el cuerpo te devuelva.

Un sarcófago tengo metido,
un único vértigo,
la última voz del olvido,
la consecuencia tengo,
la respuesta
a un infinito,
todo lo que no improvisa
el viento
es lo que tengo.

Sácame este coágulo de cristal
que me concreta,
que cuajado me aprieta.


Estos exorcismos sólo los reza Satán.








La imagen pertenece a la obra del fotógrafo Chadwick Thyler.







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