Dedicado al escritor, poeta y amigo Julio Díaz-Escamilla.
Una noche de brillo implacable la pértiga furtiva de un poeta salvadoreño saltó hasta mi puerta. Y engendró un titilo de palabras orgánicas, se alumbraban las unas a las otras en una placenta de humo, como las contracciones de una arcabucería remota cuya ronca bocanada se aproxima.
…Dos picotas de Llovizna rugen en sus manos. Les susurra que vayan a buscarte y explota irremediable la tormenta.
Llovizna. Desguace picado de Océano que los líquenes desecan a jirones.
Océano. Silo que cardas tu Pulpa hasta doler con los Temblores del Poeta.
Pulpa hasta doler porque Él te desclava, Él te encrespa el índigo mármol a penas sumergido y hace de ti su cantera.
Te encrespa el índigo mármol, estira el asta ultramarina punzando su estucado. Es lo que llaman Marea, porque Su Voz eriza al reclamarte.
Su Voz.
Es lo que llaman Marea, a Los Temblores del Poeta. Trovador de estepa, misionero de lucernas que boquea claveles de lino y arroyuelos. Da estocadas a Su Fuente y con la malla termal Enfunda Tu Barranco.
Enfunda Tu Barranco como todo Barranco, como un ánfora de ortos precoces embocando Sus Ascuas de Aire.
Sus Ascuas de Aire son tu hambre o su lamento, Sus Ascuas de Viento son Temblor de raíles de labio o soplos que le llevan a Tu Cetro.
Sus Ascuas silban Pistilos sangrados y sarmientos, Pistilos que se anudan a tu Templo, a tu Nervio fascinado, a tu estola de hilo laminado.
Tu Nervio es Su Sangre, Tinta carcelera de ti y de Su Carne. Tinta que te van a rogar que rompas tu barreño.
Su Carne ya no es del tiempo, Su Carne excedida de ti se arranca momentos y altitudes, como la nieve que alivia y confiere soledad a los aludes.
Y en el corazón de la luz, en la más brillante carestía, tras el armazón de su certeza más inabarcable e insumisa... se aprieta Su Voz.
Su Voz.
Mujer, escarba tu cabello, encuéntrale volutas a los juncos, hallarás su ofrenda cincelada de tanto concebirte. No has perdido aún tu realidad, comiénzate sobre la tierra, irrumpe, que delirada no sabrás que el barro oculta Su Voz, que en el subsuelo agolpan los latidos. Brótate, emana, que cuando siente cerca tu resuello se hace su silencio. Por ello aleja el hálito del lodo y honrará tu lejanía con Su Verso.
Su Verso. Latifundio de brillo acorazado por el lastre de Tu Cetro.
Su Verso. Irrefrenable reguero que hiende con terca nervadura. Derrame encendido e irreductible, exequia hirviente de Cirio febril y prodigioso.
Y como Cirio consagrado que se niega a consumirse, a dejar de avivarte, ha de arrebatarse sin tregua su unidad y su contorno.
Mujer, fragmenta ya el azúcar de Tu Cetro, desgránate siseante para Él como lo hacen los enjambres.
Así El Poeta descarna su última frontera, ora se derrumba, ora se imprecisa y tiembla para abarcarte de nuevo, para añorarte Su Voz con el gen de la Llovizna.
Su Voz.
Imagen perteneciente a la obra del fotógrafo norteamericano Mitch Dobrowner ( http://www.mitchdobrowner.com/ )

El Ciclo del Destino by Gabriela Amorós Seller is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.