VERTIGO (Dedicado a Gabriela Amorós)
Hablas y se levantan los rostros, uno tras otro, la calle tan estrecha recoge mi cansancio, una copa de vino en el cristal de las nostalgias,
Ay! corazón perforado, un labio interminable como río, me alarga entre babas esta rara tristeza.
La mano atenazada, rompe los matices del agua, tanto azul sobre el día y yo ave, vuelo transversal, indagando el duelo del aire...
Extraño que no caigas en penitencia ante mis ojos, que pobre de raíz te observo, ni aroma, ni lágrima te alcanzan.
Sepulté tu nombre, cuando resbalo tu alma, en el penúltimo vértigo, pero sabes, la muerte en el camino desliza sus flores perfumadas,
pero tu combates el canto de los deudos y juntas las manos hacia el rezo. Mitad hombre, mitad sobreviviente, te veo cargar la cruz de tu propio funeral.
He aquí, infinita piel acumulada, desgarro, soledad y jornada sin canción ni lucha, mucho menos bandera que se asile a los huesos.
¿Van ocultas las auroras?
Amasé un puñado de hermanos y la humedad de la tierra me volvió a barro una vez más el rostro, desde mi palidez extrema, no alcancé su puerta,
nada hay en el crepúsculo, sólo el dominio feroz del dolor y se queda el amor desgranando al alba su desprecio.
¿Quien faltará a la transparencia de todas mis lágrimas?
Va mi voz en la cintura subterránea del azufre y prende el llanto de la espera, así, como madera sin patria, desciendo en estertores hacia
la ceniza del papel de mis poemas exiliados.
Todas las noches, desde aquella, desgarro el traje de mi templanza y en el desvelo lo puedo ver intacto.
Yo, que fui semilla en la desolación, como pude cercenar mi propia herencia, por qué esta alma se prestó a la calumnia, ¿ o no era acaso mía, esa?
Que fea cicatriz se luce en el banquete de los seres anónimos que muerden y devoran el aroma primaveral de la esperanza.
Al agua... tanto mártir, desheredando hasta los infiernos
Así, los hombres sombra, se restriegan complacidos las manos.
Resiste corazón, el látigo y herida sobre el canto amarillo y estrecha tu soledad en la unidad de la poesía, cuando se detenga la letra en tu calle,
marcha sobre la tierra, libre, avanza derramando tu sangre en el olvido del tiempo...
Rossana Arellano
Amiga, poeta, gracias por esta dedicatoria tan sobrecogedora para mi como haber visto la fragua del poema en uno de tus comentarios aquí en La Emoción.
Esta vez La Emoción tiembla con la presencia y escritura de tu literatura, Rossana. No puedo más que postrarme ante este gesto tan generoso y verdadero... y tender una mano hacia la tuya para recorrer el camino con la ilusión apoyada en tus ojos.
Te abrazo con los míos.